
Las tormentas son lo mejor de este lugar. Habito en ellas, las aguardo con la puerta abierta y el alma en vilo como a huéspedes de honor, como a solemnes libros andantes, como a madres colosales nutridoras y amantísimas, como a silenciosas marabuntas de animales divinos intuidas en la lejanía.
Shhh... ahí llega la tormenta.
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